Por Pedro Bonofiglio

Sigo con este tema porque mi indignación es total. Miren ustedes este edificio. Tremenda construcción que servía para el funcionamiento de una AM y una FM mas un estudio de grabación. Esos estudios estaban equipados con micrófonos Neumann, que solo se veían en videoclips de cantantes internacionales. Era un modelo en todo el país. Ninguna radio en el interior de Argentina tenía esta estructura mobiliaria y técnica de puertas para adentro. Cuatro oficinas en la planta alta para los socios propietarios, una oficina para la directora de personal, una oficina para discos que tenía en su momento cerca de no sé cuantos ejemplares de musica nacional, internacional, radioteatros, emisiones de Radio Nederland, cintas abiertas, y esas paredes repletas de vinilos. No se cuantos discos habrá habido ahí. Miles y miles.
Había una sala de reuniones con toda la comodidad para 20 personas.
En la planta de abajo estaban los tres estudios antes mencionados, pero había una cosa que pocos saben que existía. En el estudio auditorio, en el control, arriba del cielo raso había un espacio o un hueco sin usar perfectamente preparado para controles de TV. Si, el salón auditorio estaba preparado para ser un estudio de TV. La radio no consiguió la licencia de televisión, y así quedó todo ese hueco vacío.
Una vez vinieron mis compañeros del ISER y quedaron con la boca abierta de lo que era esta radio. Un lujo para San Nicolás.
Conozco ese edificio centímetro a centímetro, porque cuando tenía 13/14 años, acompañaba a uno de los propietarios de la Radio, Manuel Eduardo Marchiano (Encargado de la parte ténica del grupo de socios de la emisora) a hacer toda la instalación eléctrica, colocación de los aparatos de iluminación, llaves de luz, enchufes, limpieza de la obra que se estaba terminando, etc. Meses y meses escuchando a eso de las 2 de la tarde la voz de Manuel Eduardo diciéndome: «Pedrin, traete la cinta del taller» (Para pasar los cables por los tubos de la instalación)
Todo lo hicimos nosotros. A veces nos acompañaba su hijo, Wally. No pude ir a la inauguración porque tenía que ir al Colegio. Pero a la tarde estaba ahí junto a mi viejo, en la redacción, junto a la cocina, para seguir aprendiendo.
Hoy esta radio irá a remate. Los nuevos propietarios, sin tener la mas minima idea de como manejar un medio de comunicación, llevaron a la ruina a una empresa y una emisora que era ejemplo. Gente despedida, vaciamiento de talento, y algunas cosas que son rarísimas. Poca protesta veo de parte de gente que pasó ahí. Gente de muchos años que creo que no se ha dado cuenta del patrimonio cultural que se ha perdido.
La última vez que entré, se había dispuesto que una de las oficinas del primer piso sea para una especie de museo de la radio. Viejas consolas de exteriores que yo usé, micrófonos que utilicé para relatar mis primeros partidos, y sobre todo, el primer libro de locutores, donde se dejaba constancia de cada cosa que salía al aire. En ese libro estaba la firma de Natadio Vulich, primera voz en salir al aire, y la firma de mi padre, el primero que dio un informativo.
No sé si todo eso estará. No se si la habrán vaciado. No se si quedará algo ahí dentro de todas esas cosas que no tienen valor monetario, pero si tienen valor no solo sentimental, sino histórico.
Yo tengo mi opinión de lo que pasó con todos los elementos y todas esas cosas de Radio San Nicolás. Pero me lo reservo.
Ojalá que los que tenían la responsabilidad, hablo de los últimos propietarios de la radio, hayan sabido salvaguardar todo ese patrimonio. Se los pido por la memoria de los que estuvieron ahí y hoy ya no están, y que se dejaron la piel dentro de la radio. Se los pido por ellos. Los voy a estar mirando, los perseguiré, y pediré públicamente hasta que me muera, que no destruyan ese patrimonio como han destruido la radio. Sea quien sea, se llame como se llame. Los estaré persiguiendo. Juro que los estaré persiguiendo.
(La fotografía que ilustra esta nota, corresponde al día de la inauguración de LT 24 Radio San Nicolás)