Regatas debe hacerse cargo de sus errores…

Por Pablo González

Periodismosn.com.ar

 

El pasado miércoles por la noche, quedó trunco -al menos por ahora- el sueño de Regatas San Nicolás de ascender a la segunda división del básquetbol argentino. Estuvo cerca, muy cerca. Y a mi entender lo merecía. Pero El Talar lo derrotó ajustadamente en los dos partidos de la serie por el Torneo Federal A, y logró ese ascenso tan buscado.

La definición estuvo envuelta en polémica. Venía de arrastre, con aquella suspensión por supuesta invasión de cancha cuando enfrentó a Pacífico de Neuquén como visitante. Como era reincidente en la falta, el Tribunal de Disciplina lo sancionó con dos fechas de suspensión de la localía. La serie con el conjunto neuquino pudo definirla en Villa Ramallo, pero en esta final tan pareja ante El Talar esa pérdida de la localía tuvo su consecuencia.

Por estas horas todos se quejan en el club náutico. Y quizás tengan algo de razón. La Confederación Argentina de Básquet (CAB) claramente no utiliza la misma vara para sancionar a los distintos protagonistas. A punto tal que en el último partido disputado en La Paternal, sólo hicieron desalojar a la parcialidad regatense, cuando los supuestos incidentes habían sido protagonizados por gente de uno y otro lado.

Sin embargo, hay algo que no cierra. ¿Qué interés podría tener la CAB en perjudicar abiertamente a Regatas, un club grande y con mucha historia en el básquet de la Liga Nacional, para beneficiar a un pequeño club de barrio (dicho con respeto) como El Talar? A todas luces es mucho mejor para todos los dirigentes que ascienda un club como Regatas, con una enorme masa societaria y una capacidad de llenar estadios verdaderamente admirable.

Algo no cuadra. ¿No será que a lo mejor hay cuentas pendientes que vienen desde hace muchos años? La hinchada de Regatas es admirable por su aliento, pero es quilombera. No es la única con mal comportamiento, pero es quilombera. Y la institución náutica jamás sancionó severamente a los protagonistas de esos líos. Primer «mea culpa» que debe hacer Regatas.

En segundo lugar, parece bastante claro que a los dirigentes regateneses les faltó «muñeca política» para evitar la sanción, o para suavizarla una vez que se conoció. Alguien se durmió con los papeles, y esos errores se pagan. Ahí tenemos el segundo «mea culpa».

En tercer lugar, Regatas debe asumir una actitud más humilde. No son ni más, ni menos que el resto de las instituciones. No sirve ponerse siempre en el rol de víctima. A lo mejor en esta oportunidad efectivamente fueron víctimas, pero en otras ocasiones fueron culpables. Tercer «mea culpa» que deben realizar. Y tampoco sirve escuchar a los aduladores de siempre o al periodismo partidario que justifica hasta lo injustificable.

Es tiempo de que quienes conducen a Regatas reflexionen. Efectivamente hay cosas que no cierran en la CAB, y prueba de ello es la estrepitosa caída que está teniendo el básquetbol argentino. ¿Pero por qué debería estar toda la CAB y el básquet argentino en un complot destinado a perjudicar a Regatas?.

Señores dirigentes: no es Regatas contra todos, y a pesar de todos. Es Regatas con todos. Los verdaderos logros se conseguirán no adoptando el rol de víctima, sino con más humildad y capacidad de negociación.

A pesar de todo, es probable que esta historia termine con final feliz. A juzgar por la crisis que azota al país y a los clubes del país, parece que serán varias las instituciones que se bajarán de la Liga Argentina. Y si eso ocurre, Regatas tendrá el derecho a disputar el torneo de la segunda división del básquetbol argentino. Algo que -por cierto- lo merece con creces.