Es por la combinación del dólar blend (el 20% de las exportaciones se liquida en el CCL) y las ventas de divisas en el mercado de bonos implementada desde julio. Preocupa el rojo en las arcas del BCRA.

Se trata de una intervención sobre la brecha cambiaria porque el dólar blend implica sumar una considerable oferta de divisas al CCL que incide en su cotización. Algo similar ocurre con los dólares del turismo receptivo, que desde el Gobierno anterior pueden cambiarse a pesos en el mercado financiero a un tipo de cambio superior al oficial y, por ende, suman oferta al dólar financiero.
El mes pasado se sumó la intervención directa del BCRA, una medida que en realidad se presentó como un anuncio de política monetaria destinado a esterilizar los pesos emitidos para comprar reservas desde el 30 de abril en el marco del lanzamiento de la “fase 2” del programa que consiste en el cierre de los cuatro grifos de emisión (déficit fiscal, pasivos remunerados, puts y compra de reservas). Pero la realidad es que todo el mercado coincide en que el objetivo real es bajar la brecha a costa de ceder reservas adquiridas previamente.
Eco Go estimó que los $2,4 billones que el BCRA aclaró que apunta a esterilizar por este mecanismo equivale a un volumen de divisas de alrededor de u$s1.900 millones para intervenir la brecha. Para fines de julio, la consultora estimó que el Central ya había utilizado u$s250 millones en estas operaciones.
Intervención y dólar paralelo
El resultado de esa intervención fue bajar la brecha cambiaria del 60% a mediados de julio hasta el 40% a fines del mes pasado. Este lunes la distancia entre el CCL y el tipo de cambio oficial se ubicó en el 36,4%.
Lo cierto es que, incluso a pesar de la intervención, hubo resistencias a la baja. El CCL retrocedió en un primer momento del pico de $1.428 el 12 de julio a la zona de $1.300 a fines de ese mes. Y, desde entonces, oscila en torno a ese nivel. Este lunes bajó 1,3% a $1.281.
Lo cierto es que la estrategia de redoblar el uso de reservas para contener la brecha coincide con el momento más desfavorable para el flujo de divisas por motivos estacionales. A eso se suma que en junio se cortó (de forma anticipada) el ciclo de compra de divisas del BCRA y ya acumula dos meses de saldo vendedor a partir de la progresiva normalización del ritmo de pago de importaciones.
Los vencimientos de deuda del mes pasado (bonistas, FMI y otros multilaterales) sumaron para que en julio las reservas netas cayeron u$s4.600 millones, según la gerencia de estudios económicos del Banco Provincia. Según la metodología utilizada para su cálculo, las tenencias internacionales oscilan en terreno negativo entre los u$s4.000 millones y los u$s6.500 millones.
Al respecto, un informe de Portfolio Personal Inversiones (PPI) advirtió: “Si bien el BCRA pudo mejorar su performance en el mercado oficial en la última semana, la perspectiva hacia adelante es desalentadora. En el cortísimo plazo, posiblemente se acelere la demanda privada producto de pagos de ON y provinciales que restan en agosto. En septiembre, el nuevo régimen de importaciones se solapa con el viejo, lo que llevará a que puedan requerir acceso al mercado oficial más de 100% del flujo de las importaciones”.
Y agregó: “Esta presión será incluso mayor en octubre y noviembre por cómo fue diseñado el esquema. Si no hay cambios en el frente cambiario, el BCRA volverá a ser vendedor neto en el mercado oficial. Ante una creciente demanda privada autorizada y la expectativa de que la oferta no se acelere de estos niveles, sus ventas serían de mayor cuantía que las exhibidas en junio (-u$s85 millones en total en el mes) y julio (-u$s180 millones)”.
Con este escenario, la apuesta del Gobierno pasa por el blanqueo. Y a más largo plazo, una victoria de Donald Trump en Estados Unidos que destrabe el nuevo endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional que pretende Caputo, un horizonte que para nada luce asegurado.