Alan Van Broock fue condenado a 4 años y medio de prisión por facilitar el consumo y venta de droga en Arroyo Seco durante la fiesta electrónica de Año Nuevo en Punta Stage, en 2017.
El Tribunal Oral Federal N.º 3 de Rosario condenó este miércoles a Alan David Van Broock a 4 años y 6 meses de prisión efectiva por haber facilitado la venta y consumo de drogas durante la fiesta electrónica “Sasha New Year Even Party”, realizada el 1° de enero de 2017 en el complejo Punta Stage de Arroyo Seco, donde murieron dos jóvenes: Giuliana Maldovan y Lucas Liveratore (oriundo de San Nicolás), tras consumir éxtasis.
Además de la pena de prisión, Van Broock fue inhabilitado de manera absoluta para ejercer el comercio por el doble del tiempo de condena, y deberá pagar una multa simbólica de $168,50. El empresario continuará en libertad hasta que la sentencia quede firme.
En el mismo juicio, el tribunal absolvió a otros tres acusados: su socio en la productora Live Art Producciones, Gino Piazzese Scaglia; el titular de la firma Yameli SRL, Germán Pablo Dalinguer, quien sub-alquiló el predio; y el ex-intendente de Arroyo Seco, Nizar Esper, imputado por incumplimiento de los deberes de funcionario público.
Un caso que marcó a la región
La sentencia fue dictada por los jueces Osvaldo Facciano, Eugenio Martínez Ferrero y Eduardo Rodríguez Da Cruz, de manera unánime, tras un extenso debate oral que se desarrolló desde el 19 de marzo todos los miércoles en los Tribunales Federales de Rosario. Los fundamentos completos del fallo se conocerán el 3 de julio.
Durante el juicio se presentaron abundantes pruebas materiales, peritajes y más de 40 testimonios, incluidos asistentes a la fiesta, policías, médicos, personal de seguridad y empleados municipales.
El fiscal Federico Reynares Solari, a cargo del caso, sostuvo que los organizadores permitieron —y en los hechos facilitaron— el uso del predio para la venta y consumo de drogas, lo que calificó como una “organización negligente, permisiva e irresponsable”.
Escenario propicio para el narcoconsumo
Según el Ministerio Público Fiscal, durante la fiesta hubo escasos controles, requisas parciales, falta de agua potable y puntos de hidratación, ventilación deficiente y un personal médico y de seguridad insuficiente para el volumen de asistentes, que superaba ampliamente la capacidad del lugar.
La investigación demostró que el límite autorizado del predio era de 1.850 personas, pero que, según peritajes y mensajes entre los organizadores, se estimaba —y se admitía informalmente— el ingreso de más de 3.000. El propio Van Broock fue citado en conversaciones con otro organizador negociando la “capacidad” con autoridades locales.
Drogas, sobredosis y una trama de mensajes
Los informes periciales confirmaron que Giuliana Maldovan murió con MDMA (éxtasis) en su organismo, y en el predio se hallaron restos de esa sustancia, cocaína y elementos utilizados para su consumo. Testigos señalaron que el consumo era visible y generalizado: “En 360 grados veías a diez personas consumiendo”, relató una asistente.
Además, se revelaron intercambios de mensajes entre Van Broock y una presunta vendedora de drogas, Damiana, en los que el empresario le pedía “rolas” (pastillas de éxtasis) y pactaban intercambios de entradas por pastillas. Para la fiscalía, esto corroboró que el organizador facilitó el comercio de drogas para asegurar el éxito económico del evento.