Mientras crece la tendencia de las familias a endeudarse para compras básicas, caen las ventas en comercios y sube la morosidad. Salarios planchados, matan inflación contenida. También se incrementó el número de hogares que debió desprenderse de ahorros.
Con la economía real estancada, la mentada estabilización macroeconómica no convence, ni derrama. La parálisis en el nivel de actividad, el apuntalamiento agotado del consumo con endeudamiento y el desplome histórico del gasto público empiezan a consolidar una crisis sin piso.
De acuerdo con el reporte reciente del Instituto Argentina Grande (IAG), el porcentaje de compras que se realizan en súpers con “la de crédito” está en picos históricos. “En este contexto de desaceleración de la inflación -por lo menos hasta mediados de este año- esto resulta llamativo: en momentos de aceleración de la inflación la compra de bienes de consumo no durables con tarjetas de crédito se puede entender como estrategia defensiva, en momentos como este el alto porcentaje de compras de super con tarjetas de crédito parece responder más a cierta dificultad para “llegar a fin de mes” después de pagar los costos fijos”, analizan.
Las góndolas hablan
Desde que asumió Milei, según el estudio, esa práctica viene creciendo de forma encadenada y, sin embargo, las ventas se desploman. “Desde el cambio de gestión el consumo en supermercados cayó en todo el país (-10,2 por ciento en términos reales entre enero-noviembre de 2025 contra el mismo período de 2023). Sólo en una provincia (Neuquén) las ventas en 2025 fueron más altas (+2 por ciento) que en 2023. En el resto de las jurisdicciones (23 de las 24), cayeron. Lo cual confirma la relación entre la creación de empleo privado y consumo”, señalan.
La última encuesta del Indec, para el mes de noviembre, registró el peor dato de ventas en supermercados desde que Milei llegó a la presidencia. El mentado discurso oficial sobre la recuperación no se refleja en las cajas de los comercios, y la baja de la inflación con salarios planchados no impacta en el consumo masivo más que de forma negativa.
“Las ventas en supermercados a precios constantes cayeron 2,8 por ciento interanual, mientras que en términos mensuales retrocedieron 3,8 por ciento respecto de octubre, marcando la peor caída mensual desde diciembre de 2023 y consolidando niveles de actividad acercándose a los mínimos de la serie histórica del índice de ventas en góndola. El único crecimiento observado es inflacionario y no real”, remarcan desde IAG.
En el segmento de los autoservicios mayoristas, la retracción fue más profunda: 8,3 por ciento interanual en noviembre y una retracción acumulada de casi 7,7 por ciento en enero-noviembre del año pasado, “lo que indica que la contracción de la demanda se extiende a todas las formas de comercio masivo y no se limita a un canal específico”, agregan.
Endeudarse y vender ahorros como únicas salidas
Mientras la crisis acelera, las familias también se ven exigidas a encontrar el ritmo que les impone el manejo económico del Gobierno: casi la mitad de los hogares (48 por ciento) tuvieron que desplegar una estrategia para complementar sus ingresos y “llegar a fin de mes”.
La maniobra más habitual fue “gastar ahorros”: el 35,3 por ciento se vio obligado a desprenderse de sus activos. Además, el 9,4 por ciento vendió pertenencias y un cuarto de los hogares se endeudó (con conocidos o entidades financieras), revela el reporte.
Para la clase media, el contexto se volvió particularmente asfixiante, por el incremento de los servicios y otros consumos clásicos, y el deterioro de las paritarias. El 40 por ciento del este segmento social usó sus ahorros y el 18 por ciento tomó deuda con entidades financieras.
“El endeudamiento para “llegar a fin de mes” creció -incluso- contra el segundo trimestre de 2024. Liderado por los hogares de ingresos medios, el endeudamiento con entidades financieras creció un 14 por ciento contra el 2T de 2024 y 66,9 por ciento contra el 2T de 2025. Mientras tanto, el endeudamiento con conocidos/as creció 1,7 por ciento contra 2T de 2024 y 22,9 por ciento contra 2T 2023”, detallan.
Al mismo tiempo, también aumentó la morosidad. Los últimos indicadores del Banco Central mostraron que el incumplimiento en los pagos de créditos personales rompió una barrera histórica: superó el 10 por ciento, un nivel que no se registraba desde el inicio de la serie estadística en 2010. En el caso de las tarjetas de crédito la cifra de usuarios con problemas para afrontar la deuda llega al 7,7 por ciento. Los números se encuentran por encima de los que sucedieron durante otras crisis económicas que vivió el país.
“El consumo familiar sigue bajo presión real, reflejo de salarios estancados, precarización del empleo y pérdida de poder adquisitivo por encima de las correcciones nominales en precios y salarios. En este contexto, la mejora parcial de agregados macroeconómicos no se traduce en sostenimiento del gasto de los hogares ni en dinamismo del comercio minorista y mayorista, exponiendo una brecha estructural entre estabilización nominal y recuperación del consumo real”, subrayan desde IAG.
Salarios deprimidos y el fantasma del desempleo
El mapa del comportamiento del consumo, lejos de la narrativa libertaria, da cuenta de la situación social real. Una forma habitual de medir poder adquisitivo es comparar salario con cantidad de kilos de asado equivalentes. Otra, un pantallazo rápido en los changuitos y las cajas de supermercados.
Luego de las elecciones de medio término, los precios en góndolas empujaron al alza. Y las tarifas continuaron con su incidencia cada vez más pesada sobre los ingresos. “Mientras que en 2023 el gasto de una factura promedio de luz, gas y agua en el AMBA (más un uso medio de transporte público) representaba el 4,8 por ciento de un salario mediano del sector privado registrado, hoy representa un 10,5 por ciento (más que se duplicó)”, afirman en el estudio.
En este contexto, el Gobierno no se corre de la pauta salarial del 1 por ciento mensual que impuso para las negociaciones paritarias. El aumento en los bolsillos continúa varios escalones más abajo que el ritmo al que suben los precios. En noviembre de 2025, el índice de salarios se incrementó apenas 1,8 por ciento mensual, mientras que el costo de vida de ese mes escaló 2,5 por ciento.
Un relevamiento entre socios de la Cámara de Almaceneros Bonaerenses que publicó Página/12 reflejó que en las dos primeras semanas de enero los precios de productos de la canasta básica subieron entre 2 y 8 por ciento. Un verano de recalentamiento en los súpers para un mes donde los precios no suelen moverse tanto.
Mientras los salarios no alcanzan, florece el pluriempleo y vivir cuesta cada vez más caro, acecha el fantasma de la desocupación. En dos años de gobierno se destruyeron 194.200 puestos de trabajo registrados privados; 71.900 empleos públicos y 29.100 particulares.
El último documento de la Unión Industrial Argentina (UIA) sobre la situación del sector, estimó para diciembre una caída interanual de 3,5 por ciento en la actividad industrial.
Los números de la industria se ubican 9 por ciento abajo de los indicadores de 2022. La entidad habla de “estancamiento”, y algunos industriales ya no niegan la recesión. Y eso redunda en más despidos.