Trump incentiva una catástrofe ambiental

Por Daniel Kersffeld

“Perfora, perfora, perfora”… El grito de guerra del capitalismo extractivista convertido en slogan político por Donald Trump, refleja la avidez sin límites por el petróleo y el gas, aun si para obtenerlos el gobierno debe poner en riesgo toda forma de vida e, incluso, provocar catástrofes ambientales en toda la región, principalmente, en el Ártico y en el siempre codiciado mar Caribe.

En noviembre pasado el Departamento del Interior anunció el borrador de la propuesta conocida como el undécimo “Programa Nacional de Arrendamiento de Petróleo y Gas de la Plataforma Continental Exterior” destinado a expandir drásticamente los contratos de arrendamiento para realizar perforaciones en busca de petróleo y gas en alta mar, en varios casos, en áreas que hasta ahora se encuentran inexploradas y que se consideran como protegidas.

El plan contempla autorizar hasta 34 contratos de arrendamiento para la explotación de petróleo y gas en alta mar a ser desarrollados entre 2024 y 2031: mientras que veintiún yacimientos detectados se encuentran en las proximidades territoriales de Alaska, seis se hallan cerca de las costas del Pacífico y otras siete se ubican en el Golfo de México.

Estas nuevas licencias de explotación se sumarían a los 36 contratos de arrendamiento adicionales en alta mar ordenados por el Congreso en virtud de la Ley “One Big Beautiful Bill”, firmada el 4 de julio de 2025. En este caso, se disponen treinta licitaciones en el Golfo de México durante los próximos quince años, y seis más en la bahía de Cook, en Alaska, hasta 2032, con la primera venta programada para el próximo mes de marzo de 2026.

Se trata de una expansión que supera con creces los contratos de arrendamiento ofrecidos por cualquiera de los gobiernos anteriores y que está resultando un negocio de enormes proporciones para multinacionales como ExxonMobil, Chevron y ConocoPhillips, pero también para empresas dedicadas a la extracción en alta mar, como Sable Offshore Corp., así como también para aquellas compañías centradas en la instalación de plataformas, como Transocean Ltd., SLB y Halliburton.

Si el plan se pone en práctica, podría dar lugar a la liberación de más de 50 millones de litros de crudo en algunas de las zonas marinas ecológicamente más importantes de los Estados Unidos.

Pero los efectos de la ampliación de las perforaciones offshore podrían ser ruinosos, al provocar riesgos comerciales y para la seguridad del país, además de una amplia crisis ecológica.

Según el Centro para la Diversidad Biológica, con sede en Tucson, Arizona, el proyecto de la Casa Blanca podría resultar en más de 4 mil derrames de petróleo en aguas estadounidenses. En este sentido, todavía se recuerda el catastrófico desastre de 2010 conocido como “Deepwater Horizon”, considerado el mayor derrame en alta mar en la historia nacional, en la que se vertieron más de 800 millones de litros de petróleo en el Golfo de México.

La iniciativa de extracción superlativa tuvo sus primeras consecuencias dentro de la política interna local, aunque con diferentes matices, ya sea que se trate de la costa oeste o en el Golfo de México. En ambos casos, el proyecto está favoreciendo el desarrollo de la izquierda, del ambientalismo y, más ampliamente, aunque sin unidad, de distintos movimientos ciudadanos y antisistémicos.

En cuanto a los Estados del Pacífico, todos dominados por el partido demócrata, la oposición no sólo fortaleció a Gavin Newsom, el gobernador de California, quien por ahora se sitúa como el principal rival de Trump. También Oregon y Washington, los restantes Estados afectados por el plan extractivista, apuestan ahora por conformar un bloque de presión más homogéneo y, al mismo tiempo, por robustecer el frente político con Newson, respaldando su precandidatura presidencial para las próximas primarias demócratas que tendrán lugar desde el próximo año.

A corto plazo, la posible crisis del ecosistema costero y el impacto económico y comunitario se ha convertido en un detonante que podría ampliar las bases electorales de la oposición y darle algunas sorpresas a Trump en las próximas elecciones parlamentarias de noviembre.

Aun frente al escenario cada vez más complejo de la costa oeste, diversos análisis prospectivos señalan la probabilidad de que más de la mitad de los nuevos derrames se produzcan en el Golfo de México, considerado como el epicentro de las perforaciones en los Estados Unidos.

Las plataformas petrolíferas podrían ubicarse a 160 kilómetros de la costa de Florida, una distancia que las empresas suelen señalar como fuera de la “zona de protección”, si bien es sabido que esta distancia nunca es suficiente cuando el petróleo es vertido en el mar. Además, el plan de Trump pretende perforar zonas del Golfo que serán muy difíciles de limpiar si ocurrieran derrames.

De hecho, el centro de oceanografía Current Lab publicó nuevas visualizaciones que evidencian la rapidez con la que la corriente del Golfo y los vientos pueden alejar el petróleo de los sitios del derrame, lo que podría transportarlo a grandes distancias en tan solo algunos días.

De acuerdo con las proyecciones realizadas, una posible pérdida de petróleo podría rodear la península de Florida, llegando a las playas de Miami e incluso a West Palm Beach, lo que situaría en riesgo al selectivo club Mar-a-Lago, donde el presidente Trump ostenta su residencia.

Pese a su alineamiento general con la Casa Blanca, y a su coincidencia en la explotación y utilización de combustibles de origen fósil, en este caso la oposición se está construyendo directamente desde las filas republicanas de La Florida. Legisladores locales, senadores y hasta el gobernador Ron DeSantis han evidenciado su malestar con una propuesta que le brindará más problemas que beneficios al Estado, y que podría afectar su poderosa industria turística y el ecosistema general de la península.

Sin embargo, y en caso de producirse, una crisis ambiental provocada por derrame de petróleo podría, incluso, ser mucho peor.

Según las simulaciones de Current Lab que utilizan modelos regionales de circulación oceánica, un desastre ecológico ocurrido en el Golfo de México, podría afectar a prácticamente todo el Mar Caribe, por lo que un círculo de petróleo envolvería a Cuba, comprometiendo de ese modo a toda la flora y la fauna circundante a la isla. Puerto Rico, las Bahamas y las Antillas también serían afectadas gravemente si se produjera una catástrofe ecológica de esta naturaleza.

Y en cuanto a Alaska, la explotación masiva de hidrocarburos no sólo aumentará la potencialidad de un proceso de contaminación sin ningún control, sino que además favorecerá el derretimiento de la capa de hielo y el aceleramiento definitivo en la transformación del ecosistema del Ártico.

Sabemos que la derecha no cree en el calentamiento global ni tampoco en el cambio climático, aunque no tiene mayor inconveniente en incentivarlos si con ello alimenta el lucro y la acumulación de sus ganancias. El impacto biológico de sus decisiones, medidas únicamente por una ambición capitalista desenfrenada, sería directamente irreversible y catastrófico para toda la humanidad.

Incluso, para la plutocracia estadounidense, que ni siquiera podrá obtener resguardo dentro de sus más exclusivos y privilegiados resorts…