El film de Ryan Coogler superó las nominaciones de “La malvada”, “Titanic” y “La La Land”, con 16. La brasileña “El agente secreto” irá por cuatro rubros; la película de Dolores Fonzi quedó en las puertas.
Cada año, los premios Oscar deparan alguna novedad y más de una sorpresa o decepción. Y el anuncio de las candidaturas en la totalidad de las categorías de la 98° edición –en la mañana del jueves 22, en el Samuel Goldwyn Theater de Beverly Hills-, dejó unas cuantas. En primer lugar, Pecadores, una película de vampiros enraizada en la cultura afroamericana y ambientada en el Deep South, no solamente destronó del podio a la favorita, Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson. Pecadores también batió un récord histórico, al sumar 16 nominaciones, dos más que las 14 que ostentaban hasta ahora La malvada (1950), Titanic (1997) y La La Land (2016).
A su vez, la película protagonizada por Leonardo Di Caprio sumó 13 candidaturas y sigue pisando fuerte para la noche definitiva de la premiación, el domingo 15 de marzo, cuando la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood celebre su fiesta anual en el Dolby Theatre de Los Angeles. ¿La decepción? La película argentina Belén, dirigida y protagonizada por Dolores Fonzi, que había quedado en la llamada “lista corta” de las 15 elegidas para el Oscar al mejor film internacional, no pudo pasar ese corte y se quedó afuera.
Dirigida por Ryan Coogler (el realizador de Creed y de Black Panther) y protagonizada por Michael B. Jordan, que ya tiene el Oscar al mejor actor casi en el bolsillo (porque lo suyo vale doble, al interpretar a dos hermanos gemelos), Pecadores tuvo un lejano estreno mundial en abril pasado, sin excesivas repercusiones, y desde hace unos meses engrosa el catálogo de la plataforma HBO Max. Pero al apartarse de las convenciones de cine de terror más trillado y proponer una parábola crítica del racismo enquistado en el corazón de la sociedad estadounidense, Pecadores logró vencer la prueba del tiempo y sostenerse en la memoria y el favor de los socios de la Academia, que acaban de ubicar al film de Coogler en un sitial impensado, derribando a tres de las películas más emblemáticas de la historia de Hollywood.
Entre las 16 nominaciones que cosechó Pecadores, hay que contar las principales -mejor film, director, actor protagónico, actor y actriz secundarios (Delroy Lindo, Wunmi Mosaku)– sino también una miríada de candidaturas en los rubros técnicos y también en la novedad del año, la flamante categoría dedicada al mejor trabajo de “casting”, que acaba de incorporar la Academia. En la mayoría de esos mismos rubros, la puntera peleará con su principal rival, Una batalla tras otra, que suma una nominación en un rubro en el que no compite Sinners –guion adaptado, de P. T. Anderson, sobre la novela Vineland de Thomas Pynchon– y contrincantes de peso en las categorías compartidas, como Di Caprio como actor protagónico y Benicio Del Toro y Teyana Taylor como actor y actriz secundarios respectivamente. ¿Cómo olvidar al Sensei mexicano y a la pérfida Perfidia?
Que las dos películas principales en la contienda del Oscar tengan distribución mundial a cargo de la legendaria compañía Warner Bros., una de las más antiguas de Hollywood, viene a sumar un nuevo elemento a la polémica con Netflix, que intenta comprar el paquete accionario de la Warner por más de 82 mil millones de dólares. Como se sabe, la plataforma de la N roja –que sumó nueve candidaturas de fuste gracias al Frankenstein de Guillermo Del Toro- no tiene demasiado interés en fomentar los estrenos en salas, que ha sido durante más de un siglo el fuerte de la Warner. Habrá que ver entonces si este empujón de los votantes de la Academia al prestigio del histórico estudio logra revertir la política del CEO de Netflix, Ted Sarandos, que quiere reducir la ventana entre uno y otro formato a apenas 45 días, una decisión que tiene extremadamente preocupado al sector de la exhibición, en todo el mundo. En total, el tradicional logo de la Warner está en los créditos de 30 de las nominaciones al Oscar 2026.
Aunque en el anuncio de este jueves no se haya siquiera mencionado la palabra “Cannes”, el festival francés vuelve a ser un jugador esencial en el tablero de los Oscar, como lo viene siendo desde los tiempos de Parasite (2019), cuando la Academia empezó a mirar más allá de Beverly Hills. Por lo menos cuatro películas que tuvieron su lanzamiento mundial en mayo pasado en la Croisette están ahora ubicadas entre las principales contendientes a la estatuilla dorada de Hollywood. La ganadora del Grand Prix du Jury, Valor sentimental, del noruego Joachim Trier, aspira a nueve premios, entre ellos al mejor film, director y actor y actriz secundarios (Stellan Skarsgård y Elle Fanning más Inga Ibsdotter Lilleaas peleando por el mismo lugar arriba del escenario).

El ganador del premio a la mejor dirección en Cannes, el brasileño Kleber Mendonça Filho, logró una performace excepcional al ubicar su estupenda película O Agente Secreto (se estrena aquí el próximo 26 de febrero) en cuatro categorías: mejor film, film internacional, actor protagónico (Wagner Moura) y también mejor casting. Y la Palma de Oro 2025, Fue solo un accidente, del iraní Jafar Panahi, condenado en ausencia por un tribunal del régimen de Teherán por su actividad política, logró dos candidaturas, lo mismo que Sirat, del español Olivier Laxe, que en Cannes obtuvo el Premio del Jurado. Ambas compiten por el Oscar al mejor film internacional, una categoría en la que también participan Valor Sentimental y El agente secreto, lo cual habla de la influencia del festival francés en Hollywood. Y también de la plataforma de cine de autor MUBI, que ahora funge también como casa productora y distribuidora: los films de Trier, Panahi y Kleber son de su catálogo.
Ante la potencia de estos títulos, no parece extraño que Belén, de Dolores Fonzi, no haya podido encontrar un lugar en la categoría de mejor film internacional. No la tenía fácil. El quinto lugar en la categoría fue finalmente para The Voice of Hind Rajab, de la realizadora tunecina Kaouther Ben Hania, que ficcionaliza un hecho real ocurrido el año pasado en Gaza, cuando una niña quedó encerrada en el auto de sus padres, ya muertos, en medio del fuego cruzado del ejército de ocupación israelí.
Volviendo al cine Made in Hollywood, hay por lo menos otras dos películas que tienen buenas chances de recibir premios. Marty supremo, de Josh Safdie, con Timothée Chalamet, consiguió -como el Frankenstein de Del Toro- nueve candidaturas. Y el Hamnet de Chloë Zhao, con Jessie Buckley (estreno en Argentina el próximo 5 de febrero), ocho. Algunos medios especializados mencionan como casi seguros los premios a Chalamet y Buckley como mejor actor y actriz en papeles protagónicos. En el caso de Chalamet, es su segunda nominación consecutiva, luego de su papel consagratorio el año pasado como Bob Dylan en Un completo desconocido.