La economía de Milei también está bajo fuego

El dólar está tan atrasado como antes de las grandes devaluaciones de 2018 y 2023. El riesgo país sube más que en el resto de la región. Seis bancos internacionales advirtieron por la fragilidad de la economía argentina. El cierre de empresas es cada vez más violento. El conflicto social se expande.

El principal sostén de Javier Milei en el terreno económico tambalea. Todavía tiene de dónde agarrarse e incluso la guerra desquiciada que iniciaron Estados Unidos e Israel le ofrece -al mismo tiempo que lo expone- nuevas manijas para tomarse con fuerza. Pero el gobierno libertario también quedó bajo fuego. En este momento se encuentra con pronóstico reservado.

El Presidente irrespetuoso y maleducado que el último domingo inauguró las sesiones ordinarias del Congreso recibe descalificaciones hasta de quienes lo apoyan a nivel internacional, como el medio británico The Economist, que juzgó su discurso como “arrogante y agresivo”, así como de seis bancos internacionales -JP Morgan, Citi, Barclays, Morgan Stanley, Wells Fargo y Bank of América- que advirtieron por las fragilidades estructurales de la economía nacional, que podrían amplificarse si aumenta la volatilidad global, remarcaron.

Los bombazos sobre Irán cambiaron abruptamente el escenario que le daba tiempo y músculo al Gobierno para cancherear en medio del naufragio de los negocios y la vida de una muy amplia mayoría de argentinos. El escenario de paz cambiaria.

¿Por qué?

Primero porque el viento internacional pasó de orientarse de cola a ponerse de frente. De pronto la expectativa de afianzar el carry trade -inversiones financieras en instrumentos y tasas de interés en pesos mientras la cotización del dólar está planchada, para generar ganancias suculentas en moneda nacional y luego sí realizarlas mediante la compra de divisas, en una cantidad superior a la que hubiera permitido la tenencia inicial de pesos- entra en un cono de sombra. En lugar de captar fondos de inversores globales, ahora la Argentina observa cómo los capitales vuelan hacia el oro y otros activos de refugio, con lo cual ese eventual impulso vira hacia lo opuesto.

Segundo, porque el tipo de cambio está tan atrasado como antes de las grandes devaluaciones de 2018 y 2023Danger, marcan las luces de alerta en los tableros de los financistas.

El tipo de cambio real multilateral, que permite apreciar la competitividad cambiaria respecto a los principales socios comerciales del país, se ubicó en febrero apenas por encima del registrado en noviembre de 2023, previo a la megadevaluación de diciembre de ese año, en el inicio del gobierno de Milei. Así lo explica la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE) en su último documento. El centro de estudios recalcula el índice tomando la medición de inflación con la canasta de consumo de 2017/2018 que el Gobierno se resiste a aplicar para no reconocer más inflación.

Y advierte: “En perspectiva histórica, aún sin corregir este efecto metodológico en relación a la inflación, el tipo de cambio real vuelve a ubicarse cerca de mínimos históricos, en línea con los valores observados durante 2016 y 2017, antes de la crisis cambiaria de 2018″.

La suma del viento que se pone de frente, más el dólar atrasado, da como resultado el aumento del riesgo país. “En Argentina la performance es peor que en el conjunto de la región, señal de que persisten dudas acerca de los niveles de solvencia de la economía argentina”, apunta FIDE. En efecto, el riesgo país argentino trepó con más fuerza que en Brasil, Chile, Colombia, Perú y el resto de la región. Este viernes avanzó hasta 575 puntos básicos.

“Esta situación se ve exacerbada en el nuevo escenario global, circunstancia que dificulta aún más el acceso al crédito externo que requiere una economía con elevada exposición a deuda de corto plazo. La volatilidad internacional tiende a impactar con mayor intensidad en economías con fundamentos financieros frágiles, como la Argentina”, completa el documento.

A favor y en contra

Hay otros dos elementos que juegan en contra de la paz cambiaria. Uno es que ha vuelto a recrudecer la compra de dólares por parte de los ahorristas. Después de las elecciones de octubre, la situación era la inversa. La adquisición de divisas para Formación de Activos Externos (FAE) había promediado 1470 millones de dólares en noviembre y diciembre. Pero en enero volvió a superar los 2700 millones, el nivel más alto para ese mes desde la crisis de 2018. Con el escenario de guerra, es presumible que esa tendencia se consolide.

En segundo lugar, juega en contra que se frenó el impulso de la deuda en dólares que tomaban las empresas, que ayudaba a incrementar la oferta de divisas y aportar a la paz del dólar. “Durante febrero el endeudamiento privado en moneda extranjera -tanto a través de obligaciones negociables como de crédito bancario- se desaceleró de manera significativa, pasando de casi 3.300 millones de dólares en el mes anterior a alrededor de 1.200 millones”, precisa FIDE.

“Este cambio en la dinámica sugiere una menor contribución del financiamiento privado externo a la oferta de divisas, en un contexto en que la demanda para atesoramiento vuelve a mostrar signos de expansión”, completa.

A favor del dólar calmo, en cambio, operan el aumento en el ingreso de divisas por exportaciones de energía -por la suba del precio internacional del petróleo- y el mayor superávit comercial por la caída de las importaciones, debido a la debacle de la industria y la recesión económica.

A esta altura es una incógnita si esas fuentes alcanzarán para financiar la salida de divisas, pero en todo caso lo que crece es la incertidumbre, dejando a la paz cambiaria en zona de conflicto.

Conflicto social

El círculo vicioso de estanflación en que está metida la economía de Milei agrava el conflicto social. El cierre de empresas es cada vez más violento, frente a lo cual el Presidente ratificó ante la Asamblea Legislativa que no le importa, porque su modelo considera a los industriales como ventajeros y solo aspira a una expansión de las actividades primarias -hidrocarburos, energía, agro y minería- y financieras.

Con esa estrategia, en 2025 ya consiguió un record: fue la primera vez en la historia nacional que el PIB creció -por los sectores primarios mencionados- pero cayó el empleo. En efecto, FIDE puntualiza que “2025 se convirtió en el primer año del que se tenga registro en el que la economía creció (4,4 por ciento) mientras el empleo se contrajo (-0,5 por ciento)”.

Hacia adelante, “los espacios para el crecimiento están fuertemente condicionados por la estrategia antiinflacionaria, con el ancla cambiaria y salarial como componentes centrales de la misma”, señala el centro de estudios.

“El esquema vigente combina ancla salarial, contracción fiscal y monetaria, apertura comercial y, otra vez, ancla cambiaria. Este mix impacta negativamente sobre el consumo y la producción, especialmente en los sectores más dependientes del mercado interno, que enfrentan simultáneamente menor demanda y mayores presiones competitivas externas”, concluye.

Lo que se dice, un escenario de guerra.