El canciller cubano, Bruno Rodríguez, afirmó este jueves que La Habana está dispuesta a conocer los detalles del ofrecimiento de ayuda anunciado por Estados Unidos, aunque remarcó que Washington somete al pueblo cubano a un castigo colectivo a través de su bloqueo económico.
“Aun tomando en cuenta la incongruencia de la aparente generosidad de parte de quien somete al pueblo cubano a un castigo colectivo por medio de la guerra económica, el gobierno cubano no tiene como práctica rechazar ayuda extranjera que se ofrece de buena fe y con fines genuinos de cooperación, ya sea bilateral o multilateral”, señaló el jefe de la diplomacia cubana en sus redes sociales. “Tampoco tiene inconvenientes en trabajar con la Iglesia Católica, con cuyo esfuerzo de cooperación tiene una experiencia larga y positiva de trabajo conjunto”, agregó.
La asistencia, formalizada el miércoles de manera pública mediante un comunicado del Departamento de Estado norteamericano, sería de 100 millones de dólares. “Sigue sin aclararse si será ayuda en efectivo o material, y si se destinará a las necesidades más urgentes del momento para el pueblo, como combustibles, alimentos y medicinas”, advirtió Rodríguez. “Esperamos que (la ayuda) sea libre de maniobras políticas e intentos de aprovechar las carencias y el dolor de un pueblo bajo asedio”, subrayó.
El canciller recalcó, en ese sentido, que la mejor ayuda que podría recibir su país es el fin de la constante presión de Estados Unidos a través del gobierno de Donald Trump, quien ha llegado a amenazar con tomar a Cuba por la fuerza. “La mejor ayuda que en este y en cualquier momento podría dar el gobierno de los Estados Unidos al noble pueblo cubano es desescalar las medidas del bloqueo energético, económico, comercial y financiero, recrudecido como nunca antes en los últimos meses, lo cual afecta severamente a todos los sectores de la economía y sociedad cubana”, reafirmó Rodríguez.
La presión norteamericana
Washington presiona al Gobierno de la isla desde enero pasado para que introduzca reformas económicas y políticas. Como parte de esa escalada, impuso un bloqueo petrolero que ha agudizado notablemente la crisis estructural que ya arrastraba el país, y sanciones reforzadas contra sectores vitales de la economía.
Además de ello, las Fuerzas Armadas estadounidenses realizaron al menos 25 vuelos militares cerca de Cuba, un proceso similar al que hicieron antes de atacar en Venezuela e Irán. Según informó el canal de noticias CNN, con base en un análisis de información de la plataforma Flightradar24, la mayoría de los vuelos de la Marina y la Fuerza Aérea de Estados Unidos registrados desde el 4 de febrero ocurrieron cerca de las dos ciudades más grandes de la isla, La Habana y Santiago de Cuba. Algunos incluso estuvieron a unos 64 kilómetros de la costa, agregó el medio.
En este marco, el gobierno de Cuba rechazó el miércoles que Washington tache a la isla de amenaza de seguridad para EE.UU. y advirtió que una agresión militar provocaría un “baño de sangre” y una “catástrofe humanitaria”. La Habana reaccionó así a la construcción en las últimas horas en Washington de una narrativa que culminó con el secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, afirmando ante el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes que considera que Cuba es una “amenaza para la seguridad nacional”.
Precisamente, el presidente Miguel Díaz-Canel denunció en redes sociales que, a su juicio, esta ola de declaraciones desde Washington “forma parte de una construcción narrativa sobre la cual seguir asfixiando al pueblo cubano, además de escalar un conflicto que pudiera tener consecuencias inimaginables para nuestros pueblos y la región”.
Mientras tanto, en Estados Unidos, congresistas demócratas advirtieron mediante una carta al gobierno: “Una intervención militar en Cuba terminaría siendo una acción ilegal, profundamente desestabilizadora y catastrófica para la población cubana, además de aumentar aún más el desplazamiento, agravar el sufrimiento masivo y perjudicar los intereses de Estados Unidos en la región”.