A tono con los discursos de los tecnomagnates, el Presidente y Sturzenegger publicaron un artículo en el Financial Times. Allí reivindican la creación de las empresas sin personas, el corazón de un marco legal que podría convertir al país en una guarida tecnológica.
Javier Milei y Federico Sturzenegger publicaron un artículo de opinión en el diario británico Financial Times. Allí ponderaron la puesta en marcha de un régimen jurídico sin regulación para el desarrollo de la IA. Lo hicieron a contramano del mundo: cuando Europa se las ingenia con normas regionales para evitar que los algoritmos se salgan de control; mientras el propio Trump da marcha atrás con su postura e intenta poner algún freno a los modelos emergentes y luego de que el Papa llamara a tener una “tecnología más humana”. Además, el presidente y el ministro defendieron el proyecto legislativo que apunta a modificar la Ley de sociedades, que para muchos analistas es, ni más ni menos, una modificación a pedido de Peter Thiel, el cofundador de Palantir. En diálogo con Página 12, abogados y científicos que se especializan en el campo de las tecnologías advierten que el gobierno quiere convertir al país en un paraíso fiscal para las grandes compañías tech.
En el artículo, el jefe de Estado escribe que la Ley que impulsan en el Congreso tiene tres ejes principales. El primero se vincula con el compromiso de mantener a la IA sin regular para que pueda “desarrollarse libremente, sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida”. El segundo estipula la creación de una nueva figura legal: “la corporación no humana”, esto es, “entidades operadas por agentes de IA o robots, con personalidad jurídica plena y responsabilidad limitada”. Y el tercer punto también es un centro a las corporaciones para que desembarquen en el país y hagan lo que gusten, ya que se anuncia una baja tasa de impuestos y un “entorno fiscal competitivo”.
La corporación no humana (conocidas como DAO: organizaciones autónomas descentralizadas) es una figura conflictiva desde el punto de vista del derecho. Por un lado, Natalia Zuazo, especialista en tecnología y política, apunta: “Pensar en empresas sin humanos viola los principios de todas las recomendaciones de IA. No puede haber sistemas que tomen decisiones completamente por su cuenta”.
Por otro, las DAO podrían servir para convertir a Argentina en nuevo paraíso fiscal. Así lo sostiene, por ejemplo, el abogado Pablo Serdán: “La reforma de la Ley de Sociedades —la 19.550, de 1972—, que Milei defendió en la columna del Financial Times propone que la Argentina compita con jurisdicciones como las Islas Marshall, las Islas Caimán o Dubái para radicar empresas automatizadas. Es decir, anotarse en el club de los paraísos fiscales. Parte de la prensa ya lo describe sin eufemismos como un plan para convertir al país en un ‘paraíso tecnológico’ con un marco legal ‘blindado’”.
Milei ha aprovechado cada alocución frente a empresarios, líderes políticos y demás actores de la vida pública para comunicar que quiere que Argentina se transforme en un “polo regional de la IA”. Ahora bien, si los científicos argentinos no desempeñarán ningún rol y si no hay un plan productivo por detrás que organice el rumbo, ¿qué objetivo se esconde detrás? El presidente pone en venta a Argentina como una tierra prometida, como un espacio en donde podrán florecer los nuevos negocios impulsados por la revolución tecnológica. Sin embargo, no está tan claro el modo en que se beneficiará el país de esta revolución.
¿El Estado sí o el Estado no?
“Que Buenos Aires sea para la IA lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación a vela”, se lee en otro pasaje del texto difundido en el Financial Times. Tan solo bastaron un par de líneas para que el presidente y su secuaz desataran toda su fantasía característica. Luego de la publicación, las repercusiones llegaron en cascada. La del ministro de Economía, Luis Caputo, es ilustrativa. Compartió captura del artículo y expresó a través de X: “Nuestro presidente Javier Milei dejando en claro al mundo la posición argentina con respecto al desarrollo de la IA. Esto sumado a los incentivos del súper RIGI para el desarrollo de industrias que no están en el país, puede posicionarnos a la vanguardia de la industria que más capital y tecnología está atrayendo y generando a nivel mundial”.
La desregulación que lleva adelante Sturzenegger siempre se presenta del mismo modo. A pesar de su envoltorio (“representa una ventaja para evitar las trabas burocráticas y agiliza procesos”), en verdad, lo único que hace es dejar el camino allanado para que los grandes jugadores internacionales se aprovechen de las posibilidades que brinda Argentina, sin pedirles nada a cambio. Un Estado generoso que luego se corre, no interfiere, no controla, no genera riqueza, no hace nada.
Serdán, que también es docente de la UBA, continúa y señala una contradicción en el discurso del presidente. “Milei pide responsabilidad limitada para estas ‘corporaciones no humanas’ y aclara que los accionistas humanos podrán participar, pero no serán un requisito. Cuando el algoritmo cause un daño o estafe a usuarios, que el perjuicio lo absorba el capital invertido y nadie más responda. Ahí está la paradoja de fondo: dicen querer al Estado afuera para no pagar impuestos y no ser controlados, pero necesitan a ese mismo Estado para que les firme el escudo de responsabilidad limitada cuando el experimento sale mal. Lo quieren ausente como árbitro y presente como paraguas”, sostiene.
En todo caso, ¿cómo se auditarán las acciones de un algoritmo?
A contramano del mundo
Agustín Espada, investigador del Conicet en el Centro de Industrias Culturales y Espacio Público de la Universidad Nacional de Quilmes, subraya: “Lo que Milei hace es plantar bandera como referente de la derecha internacional, en línea con lo que piden los grandes jerarcas y empresarios tecnológicos del mundo. No es casual que lo diga a días de que el Papa pida por la humanización de la tecnología y por el desarme de la IA. En cambio, forma parte de un proyecto para que la IA se siga desarrollando por fuera de la intervención estatal y en contra del interés público”. Y sigue: “Milei sienta las bases para garantizarle a estos tecnomagnates la posibilidad de expandir sus negocios sin restricciones”.
Emmanuel Iarussi, investigador del Conicet en el Laboratorio de IA de la Universidad Torcuato Di Tella, indica: “La propuesta de evitar una regulación ‘prematura’ tiene la finalidad clara de hacer más atractiva la jurisdicción argentina para el capital asociado a la IA, justo en un momento en que empieza a encontrar algunos límites en algunas partes del mundo. Hace unos días, Trump firmó una orden para que las tecnológicas tengan que someter a revisión del gobierno los nuevos lanzamientos de modelos de IA. No es una regulación fuerte, pero ya no es ‘cero reglas’“.
Así como lo plantea Iarussi, no solo son los gobiernos reguladores de Europa los que intentan que la IA se mantenga dentro de los carriles más o menos esperados y que sus desarrolladores cumplan pautas mínimas. Hasta el propio presidente de Estados Unidos hace lo propio, al firmar un decreto para supervisar a los modelos de IA. Básicamente, solicita a las compañías que sometan a supervisión del gobierno sus productos antes de lanzarlos a la venta.
Luego, Iarussi agrega: “Uno de los problemas de la apertura es que sin el marco adecuado pueden dejarnos muy poco o nada, ni siquiera en términos económicos. En la misma línea en que lo postulan otros investigadores argentinos, si la producción empieza a estar mediada por agentes de IA sin residencia clara, es difícil establecer dónde se genera el valor y quién cobra impuestos sobre ese valor. Tampoco parece que la inversión en educación, ciencia y tecnología vaya a acompañar esta apertura”.
No solo está a contramano de los postulados de Europa y del antecedente inmediato de Trump, sino también del llamamiento que realizó el Papa. Así lo comprende Iarussi: “Me resulta muy difícil no leer como deliberado el contraste simbólico que nos propone Milei: a tan solo unos días que de que el Papa ponga el foco en la dimensión humanista de la tecnología y pida perdón en nombre de la Iglesia Católica por la legitimación de la esclavitud, el presidente abre su argumento en el Financial Times mencionando a la Dutch East India Company, emblema de concentración de poder y de comercio esclavista”.
Desesperados por dólares
A kilómetros de distancia de un plan productivo, el único objetivo es abrir las puertas al saqueo, que Argentina funcione como un laboratorio para que las grandes corporaciones tecnológicas puedan realizar sus experimentos sin ningún costo. Zuazo opina: “Los países que más crecen en el mundo tienen algún tipo de regulación para la IA, empezando por China, que crece a un 4 o 5 por ciento anual”.
Y luego insiste: “Es una invitación a desarrollar la IA con todos los riesgos que otros países están tratando de evitar que sucedan. Así de contradictorio como se lee. No hay una regulación uniforme de IA, pero al mismo tiempo casi todos tienen marcos de gobernanza”. Y continúa: “Las naciones reflexionan sobre qué IA se necesita, para qué sectores, con qué objetivos. Se trata de planes de desarrollo nacional. Milei considera que toda la inteligencia artificial es lo mismo. Da igual lo que sea un centro de datos, o bien, el desarrollo de la IA para la salud. Lo único que demuestra es ‘Necesitamos dinero, no importa cómo’”.