La leucemia terminó en pocas semanas con la vida de Adam West, el actor que había construido su fama sobre una capa gris y una máscara de murciélago. Su nombre real era William West Anderson y había nacido el 19 de septiembre de 1928 en Walla Walla, Estado de Washington, Estados Unidos, hijo de un agricultor y una cantante de ópera.
Hace nueve años, cuando murió, la familia emitió un comunicado breve: “Nuestro padre siempre se veía a sí mismo como el Caballero Brillante y aspiraba a tener un impacto positivo en la vida de sus fans. Fue y siempre será nuestro héroe”.
West creció en las afueras de Walla Walla y se graduó en Literatura Inglesa en el Whitman College. Durante su último año universitario trabajó en una radio zonal, donde hacía de todo: programas religiosos dominicales, noticias, cualquier cosa que le pusieran enfrente.
Tras pasar por el Ejército como locutor en la red de televisión de las Fuerzas Armadas estadounidenses, se mudó a Hawái, donde condujo un programa de TV diario de dos horas junto a un mono con pañales llamado Peaches. Después consiguió un contrato en Warner Bros. por 150 dólares semanales y empezó a aparecer en casi todas las series del estudio: Colt .45, Maverick, Hawaiian Eye, 77 Sunset Strip, Cheyenne.
Su primer papel regular en televisión llegó con Los Detectives, una serie de la ABC y la NBC entre 1959 y 1962, donde interpretó al detective Steve Nelson bajo las órdenes del actor Robert Taylor.
En la pantalla grande tuvo apariciones en La ciudad contra mí junto a Paul Newman en 1959, y en Robinson Crusoe en Marte en 1964, donde fue uno de los primeros dos humanos en pisar el planeta rojo en la ficción. Nada de eso lo acercaba al estrellato.
El productor William Dozier lo descubrió en una publicidad de Nestle’s Quik, donde West parodiaba las películas de James Bond con un personaje llamado Capitán Quik. Elegante, capaz de sostener situaciones absurdas sin perder la compostura ni la media sonrisa. Ideal para lo que Dozier tenía en mente.
Los directivos de la ABC querían hacer una serie de Batman con tono de comedia, una apuesta en la que casi nadie confiaba. Primero le ofrecieron el papel a Ty Hardin, que lo rechazó. Entonces llamaron a West, que en ese momento filmaba un spaghetti western en Europa.
West volvió a Estados Unidos, leyó el guion piloto y firmó el contrato en el acto. “Después de 20 páginas supe que era el tipo de comedia que quería hacer”, dijo años más tarde en una entrevista. Solo puso una condición: quería tener voz en la elección del actor que interpretaría a Robin.
Batman se estrenó el 12 de enero de 1966 a las 19.30 en la ABC y lideró el rating desde el primer día. El episodio del jueves quedó quinto en el rating Nielsen de esa temporada; el del miércoles, décimo. La serie fue nominada al Emmy como mejor comedia en su primer año, aunque perdió ante The Dick Van Dyke Show de la CBS.
Adam West como Batman y Burt Ward como Robin conformaron el Dúo Dinámico de 120 capítulos filmados en colores estridentes, en una época en que la televisión todavía era mayormente en blanco y negro. Los villanos eran el Guasón de César Romero —con su bigote fino sin afeitar debajo del maquillaje blanco—, el Pingüino de Burgess Meredith y Gatúbela de Julie Newmar, en una tensión permanente con su némesis enmascarado.
Las peleas se resolvían con onomatopeyas en letras catástrofe que cubrían la pantalla: Bang, Kapow, Ouch. La música la firmó el trompetista Neal Hefti con una melodía que se volvió imposible de sacarse de la cabeza. El merchandising llegó a cada rincón del mundo, con el Batimóvil como producto estrella.
West entendió desde el principio la clave del personaje. “No podés interpretar a Batman de manera seria y cuadrada sin darle al público la sensación de que hay algo detrás de esa máscara esperando salir, que está un poco loco, que es extraño”, explicó. Su método era ponerse la capucha y creer que nadie lo reconocería.
En el primer episodio de la serie, titulado Hi Diddle Riddle, West regaló uno de los momentos de la serie: el “Batusi”, un baile basado en el popular “Watusi” de la época, que Batman ejecutaba en una discoteca para obtener información del Acertijo. Era la señal de que ese Hombre Murciélago no iba a ser oscuro ni solemne.
En la segunda temporada, el episodio Deep Freeze mostraba a un niño abucheando una foto de Batman en la vidriera de un negocio, después de que el villano Mr. Freeze lograra arruinar su imagen pública. La respuesta del enmascarado en tono imperturbable fue: “Nada me ha herido tan profundamente. Ningún golpe de ningún archienemigo me ha lastimado tan agudamente como el abucheo de ese niño”.
En 1966, antes del inicio de la segunda temporada, 20th Century Fox estrenó Batman: la película, rodada a las apuradas para aprovechar el furor de la serie. Allí West tuvo la chance de mostrar a Bruce Wayne peleando con varios matones en esmoquin, sin máscara. Una escena que, según la revista Time, “probablemente hubiera puesto celoso a James Bond”.
West había rechazado interpretar a James Bond —en reemplazo de Sean Connery— para quedarse con Batman. Esa decisión coincidió con sus años más libres: durante su emisión, entre 1966 y 1968, era un hombre soltero. Su primer matrimonio con Billie Lou Yeager había durado de 1950 a 1956; el segundo, con Frisbie Dawson, de 1957 a 1962.
Según el diario británico Daily Mail, West y Ward aprovecharon la fama y el clima de la revolución sexual de los 60 para convertir el set en un territorio de libertad. Ambos permitían la entrada de fanáticas al estudio entre escenas. West contó sin rodeos: “Estábamos en los 60, épocas de amor libre, swingers y mujeres lanzándose sobre nosotros. Me acuerdo de una noche en que tuve sexo con ocho mujeres. Orgía es una palabra dura, pero en esa ocasión fueron ocho. Tenía a compañeras actrices esperándome en el camarín desde las 7.45 de la mañana».

Ward, 17 años menor que West, lo describió en su libro de memorias Boy Wonder. My Life in Tights como una iniciación sin escalas: “Hasta la serie solo había salido con unas pocas chicas, pero no había pasado nada. Adam me arrastró a las mayores aventuras sexuales que se pueda imaginar. De nada a todo”.
En una fiesta, West y Frank Gorshin —el actor que interpretaba al Acertijo— fueron expulsados por meterse demasiado en sus personajes en lugares inapropiados. “Entramos e inmediatamente me metí en el personaje de Batman, y Frank se metió en el personaje de El Acertijo. Nos reímos mucho. Fue tan divertido para nosotros que nos expulsaron de la orgía”, recordó West.
La serie duró tres temporadas. Para marzo de 1968 el suceso había disminuido, los costos de producción eran demasiado altos y la ABC la dio de baja. West creyó que el éxito lo seguiría. No fue así.

Los estudios y productores lo veían únicamente como Batman. Tuvo que hacer apariciones en ferias y salones del automóvil con la capa puesta. Apareció en películas menores como The Happy Hooker Goes Hollywood en 1980. La familia dejó su casa en Pacific Palisades y se mudó a Ketchum, Idaho. “Los que contrataban actores pensaban que Batman había sido un gran accidente, que no había ningún pensamiento creativo ni arte detrás. Estaban equivocados”, dijo el actor, con cierta frustración, en el documental Starring Adam West de 2013.
En 1991 protagonizó un piloto rechazado por la NBC llamado Lookwell, escrito por Conan O’Brien y Robert Smigel, donde interpretaba a un ex actor de televisión convencido de que podía resolver crímenes reales. No salió al aire.
La reconciliación con su personaje llegó de a poco. Primero volvió a prestar su voz a Batman en varias series animadas. Después, el auge del cable en los 90 devolvió la serie original a la pantalla cotidiana y mostró el personaje a nuevas generaciones. West empezó a recorrer convenciones de superhéroes por todo el mundo. En 1997 llegó a Buenos Aires para participar en la segunda edición de Fantabaires, convención de historietas y ciencia ficción, realizada en el Centro Cultural Borges. Su presencia duplicó el público de la edición anterior y generó tumultos.
La estabilidad económica y el reencuentro con el humor llegaron juntos cuando Seth MacFarlane lo convocó para Padre de Familia. West interpretó al alcalde de Quahog, un personaje que llevaba su propio nombre, y encontró en esa comedia animada el espacio donde su timing cómico funcionaba sin las restricciones del traje gris.
“Hice un piloto con Seth que él había escrito para mí. Resultó que teníamos el mismo tipo de sensibilidad cómica”, contó West. El papel en Padre de Familia lo mantuvo activo durante años y le devolvió visibilidad.
Ese mismo año describió su relación con el personaje con una claridad que no dejaba margen para la ambigüedad: “Hace unos años llegué a un acuerdo con Batman. Hubo un tiempo en que me impidió conseguir algunos papeles bastante buenos. Pero decidí que, ya que a tanta gente le fascinaba, yo podía amarlo también. Vi la comedia. Vi el amor que la gente tenía por él y simplemente lo acepté”.
West murió el viernes 9 de junio de 2017, hace nueve años, por la noche en Los Ángeles, después de una batalla breve contra la leucemia. Lo sobrevivieron su esposa Marcelle Tagand Lear —con quien se había casado en 1970 y a quien había conocido mientras ella era esposa del fundador de Lear Jet, en una sesión de fotos en el aeropuerto de Santa Mónica con él vestido de Batman—, seis hijos, cinco nietos y dos bisnietos.
La noche del jueves siguiente a la muerte de West, el alcalde de Los Ángeles Eric Garcetti y el jefe de la policía Charlie Beck proyectaron la señal de Batman sobre la torre del Ayuntamiento de la ciudad, en Spring Street. Newmar (Gatúbela) dijo: “Era brillante e ingenioso y fue divertido trabajar con él. Lo voy a extrañar en el mundo físico y lo voy a disfrutar siempre en el mundo de la imaginación y la creatividad”.
Ward fue más directo: “Desde mi punto de vista, solo había un Batman real y siempre será Adam West