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Lionel Messi: un crack épico, un tipo feliz

La Selección Argentina ganó muy bien contra Austria y está en 16avos de final. La importancia del grupo y el concepto que rodeó el partido, desde la previa con Scaloni hasta la reflexión final del ídolo.

Enviado especial a Dallas

En tiempos de individualismo como discurso hegemónico, en la tierra emblema del sálvese quien pueda, apareció el equipo. Apareció la Selección. Y justo cuando Messi más la necesitaba, como asegurando que la salida es colectiva. Así se dio en el 2 a 0 contra Austria le abrochó la clasificación a dieciseisavos de final en el Mundial y se inscribió en la historia como otra página magistral del crack.

“Que sea feliz. Haceme caso”, respondió Lionel Scaloni en la conferencia de prensa previa al partido sobre su deseo de cumpleaños para Messi. Y le hicieron caso nomás, sobre todo los jugadores. El capitán tuvo un arranque tremendo, pero para mal. Como si los dioses del fútbol le estuvieran pasando factura por la osadía del partido contra Argelia. En poco más de media hora de juego le sumaron a la cuenta un penal muy mal pateado y un par de mano a mano errados.

Fueron minutos difíciles los siguientes al penal tempranero (falta contra Lautaro Martínez, en una linda jugada colectiva iniciada por un atrevimiento ofensivo de Molina en campo propio). Se notó en el equipo y en los hinchas, muy apagados a diferencia del imponente sistema de aire acondicionado del estadio techado de Dallas. Fueron algo así como diez minutos de puro cantito austríaco. De esos cuatro o quizá cinco mil de camiseta roja que se hicieron sentir entre los 70 mil espectadores totales.

Pero de alguna manera -inserte aquí comentario favorable para la pausa de hidratación-, el equipo se acomodó. El mediocampo volvió a adueñarse de la pelota, como si se hubiese acostumbrado al peligro de tener cuatro pantallas gigantes sobre la cabeza, y empezó a protagonizar lindos tramos de toqueteo con un destacadísimo Alexis Mac Allister. Fue cuestión de agarrar confianza para que llegue el merecido gol, originado en un quite imponente del Colorado, pergeñado por Thiago Almada -una delicia lo suyo- y Facundo Medina.

¿Quién hubiese dicho que el más reciente acierto de Scaloni se anotaría en la historia de los Mundiales como el autor material (el intelectual fue Thiago) de la asistencia para que Messi supere a Miroslav Klose en la lista de máximos goleadores de la Copa? 17 goles -un rato después fueron 18- en 28 partidos para este animal competitivo tan vigente que parece hasta dispuesto a desafiar al tiempo, dos días antes de cumplir 39 años. Atrás quedaron el alemán (16) y gigantes de la talla de Ronaldo (15) o Pelé (12), por citar algunos. Pensar que antes del inicio de la Copa, el máximo candidato a romper la marca era Kylian Mbappé. Por ahora, el dueño es argentino.

La Selección dejó atrás una linda prueba para asegurar su pase a la siguiente fase y casi el primer puesto del grupo (necesitaba que Jordania no le gane a Argelia). No tanto por lo que le generó Austria, inofensiva a excepción de un lindo tiro libre que hizo volar al Dibu Martínez -apareció el uno también- y mantenida en partido sólo por la ineficacia albiceleste. Sino porque a diferencia de Argelia, le propuso un juego muy físico, de pierna fuerte, haciéndole honor a la pinta de malvados con la que salieron a la cancha, vestidos de negro con esa golondrina lúgubre en el escudo.

Y el equipo se sacó un aprobadísimo en este examen, demostrando el funcionamiento grupal que la llevó a lo más alto y el carácter que hace falta cuando la parada se quiere copar de guapo. En este último apartado quizá también quepa en la categoría de correctivo el segundo gol de Messi. Contraataque matador y definición desde el piso del capitán, a lo Kempes en el ‘78, justo en el 40° aniversario de los goles de Diego contra los ingleses. A los 95 minutos, como para demostrarles a los corredores austríacos de qué se trata esto del fútbol. Esta vez fue partido completo para el 10, quien quizá se haya ganado un merecido descanso en la cita del sábado próximo contra Jordania, otra vez en Dallas, con la cabeza ya un poco puesta en lo que será seguramente un cruce de eliminación directa en Miami, su “casa”.

“Hubo momentos en los que estuve con mucha bronca por errar el penal pero lo pude remediar. Estoy muy feliz por el triunfo sobre todo. Fue importantísimo, duro y trabajado, nos da tranquilidad para lo que viene… Todo este grupo vive esto con mucha felicidad. Cuando nos juntamos, disfrutamos de estar juntos, de competir, de entrenar, del día a día y de ver a la gente así. Ya le dimos varias alegrías a la gente, pero intentaremos darle más”, dijo Messi tras el encuentro. Palabra de un crack épico, de un hombre histórico, de un tipo feliz.