En este momento estás viendo El ascenso de la izquierda en EE.UU.

El ascenso de la izquierda en EE.UU.

Si el poderoso influjo de Donald Trump ha promovido el ascenso de las ultraderechas en América Latina, en los Estados Unidos se está produciendo un fenómeno inverso, considerado por el New York Times, como uno de los principales acontecimientos políticos del año.

Desde hace décadas, dentro del Partido Demócrata conviven, no sin crecientes tensiones, múltiples tendencias y agrupamientos que van desde un ala más conservadora e ideológicamente cercana al Partido Republicano, a otra más radicalizada y opositora al gobierno de Trump.

En el medio, una camarilla centrista, integrada por los matrimonios Clinton y Obama, junto a gobernadores y figuras parlamentarias de peso político, ocupa el centro del poder partidario y se balancea entre ambas corrientes, tratando de mantener el equilibrio de una organización opositora que pretende cumplir con las expectativas de sus votantes y, al mismo tiempo, sostener el diálogo y, eventualmente, también una peligrosa cercanía con el gobierno republicano.

Aunque surgió en 1982, la corriente Democratic Socialist of America (DSA) obtuvo una creciente visibilidad, sobre todo, a partir de las elecciones de 2016, cuando el histórico Bernie Sanders, el senador independiente por Vermont, buscó la candidatura presidencial demócrata.

Si bien Sanders fue derrotado en las primarias por Hillary Clinton, su desafío a la élite partidaria y su enfrentamiento contra las propuestas regresivas de Donald Trump le brindaron un impulso decisivo al movimiento político de izquierda que, en aquella oportunidad, posibilitó que llhan Omar, de origen somalí, se convirtiera en la primera mujer musulmana en acceder al Congreso.

Dos años más tarde, el Parlamento se vería sacudido por un pequeño grupo de dirigentes entre las que se destacaban Rashida Tlaid, nacida en una familia de inmigrantes palestinos en Detroit y, especialmente, Alexandra Ocasio-Cortez, originaria de Nueva York, descendiente de portorriqueños y, con 30 años, la mujer más joven en ser elegida representante. Junto con Ayana Presley, las legisladoras conformaron “The Squad” (“El Escuadrón”), un sub bloque de izquierda con relativa autonomía dentro del espacio demócrata que, en sucesivas elecciones, llegaría a contar con nueve miembros, en confrontación permanente con republicanos y con autoridades partidarias.

El segundo mandato de Trump, a partir de enero de 2025, pareció enterrar las chances de cualquier expresión política de la izquierda. Sin embargo, el triunfo electoral de Zohran Mamdani (foto) como nuevo alcalde de Nueva York, el pasado 5 de noviembre, se convirtió en un verdadero hito político para la izquierda. Con una propuesta política basado en el control a los precios de los alquileres, la defensa de la salud universal, el abaratamiento del transporte público y la protección a los trabajadores migrantes en contra del hostigamiento policial y las deportaciones, Mamdani venció ampliamente a su rival, el ex alcalde Andrew Cuomo quien, como candidato del establishment, no sólo estuvo respaldado por la cúpula demócrata sino también por el propio presidente Trump.

El auge de la izquierda no tiene precedentes en la historia estadounidense, lo que actualmente se percibe en el triunfo de los socialistas en las primarias demócratas que se llevan adelante en distintas circunscripciones para la confección de las listas electorales que competirán contra los republicanos por diversos cargos legislativos en el próximo mes de noviembre.

Desde entonces, los éxitos de la izquierda han sido cada vez más numerosos. En este sentido, una de las victorias más resonantes fue la de Darializa Ávila Chevalier: una estudiante de doctorado que asumió la candidatura por el distrito 13 de Nueva York y que el pasado 23 de junio venció a Adriano Espaillat, un veterano congresista que gastó millones de dólares más que ella.

Considerado como un fenómeno urbano, con su base en Nueva York y con amplia presencia en otras ciudades como Los Ángeles y Washington DC., la corriente de izquierda ha experimentado un veloz crecimiento a nivel nacional: si en 2015 tenía una membresía de casi 6 mil miembros, para febrero de 2026 se contabilizaban cerca de 100 mil adherentes en todo el país, con más de 250 activistas ocupando cargos públicos electos en 40 estados. Pese a que se trata de un fenómeno originado en la Costa Este, hoy tiene pleno desarrollo en estados como California, Texas y Misuri.

El electorado de la izquierda, proveniente de sectores trabajadores y medios, no sólo representa el quiebre del “sueño americano”, sino también a una generación que, en los últimos diez años, debió soportar el ajuste regresivo de las políticas de Trump, sin obtener mayores beneficios durante el mandato demócrata de Joe Biden. Golpeada por los efectos de la pandemia y solidaria en términos internacionales con los palestinos y con el Sur Global, los votantes jóvenes del socialismo aspiran a mejores empleos y a más altos salarios y, obviamente, a una mejor calidad de vida.

Una vez conquistada Nueva York, una de las principales apuestas de la DSA consiste ahora en triunfar en la capital del país. Janeese Lewis George fue designada para ser la próxima alcaldesa de Washington D.C. Como Mamdani en Nueva York, la dirigente basará su campaña en iniciativas básicas, de beneficio directo para los votantes. Se descuenta su triunfo ya que el Partido Republicano no presentaría un candidato alternativo.

Bajo una estricta disciplina partidaria, al menos por ahora los dirigentes del DSA no buscan constituir una nueva organización sino dar la lucha al interior del bloque demócrata, frente a una dirección anquilosada que no parece estar a la altura de los desafíos del presente.

La influencia creciente ya se percibe en la incipiente disputa por la conformación de las primarias presidenciales del año que viene. Salvo Ocasio-Cortez, como la principal referente del espacio crítico, ninguno de los precandidatos demócratas se siente demasiado tranquilo con el crecimiento de los socialistas que, antes que romper por izquierda, seguramente buscarán negociar y sugerir nombres e iniciativas concretas para las próximas elecciones presidenciales de 2028.

Quien por ahora se regodea en la conflictividad interna de la oposición e, indirectamente, alienta al crecimiento de la izquierda es, precisamente, Donald Trump, quien está dispuesto a polarizar las elecciones de noviembre situando la pelea entre el “partido del orden” y aquellos otros que, según él, solo promueven la destrucción de los valores centrales que constituyeron a los Estados Unidos.

Con los festejos por el 4 de julio y por los 250 años de la independencia convertidos en un ritual autocelebratorio por un gobierno sin respuestas efectivas ante la coyuntura económica y con críticas crecientes frente a su desempeño internacional, las acusaciones contra la izquierda adquieren un tenor especial y preanuncian cómo será la campaña electoral que está comenzando.

El gobierno acusa a la izquierda de ser “comunista”; de promover el caos y la anarquía, en gran medida, por su origen extranjero; de incentivar el aborto y las reivindicaciones de género y, en un revival del “terror rojo” de hace un siglo, de alentar la quema de iglesias. Asimismo, y como afirmó Trump, los socialistas desean “reanudar la mutilación genital femenina” en tanto que, como aseguró Mike Johnson, el presidente de la Cámara Baja, “celebraron una boda satánica”, “quieren abolir la frontera y la policía” y “buscan despenalizar la transprostitución”…

Aunque lo hizo con fines electorales, y no sin estruendos ni exageraciones, el pasado 29 de junio Trump expresó su miedo más profundo, que también es el del establishment estadounidense, cuando afirmó que el ascenso de la izquierda socialista constituye “la mayor amenaza para nuestra nación, tal vez desde nuestra fundación. Eso incluye la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, el 11 de septiembre e incluye el ataque a Pearl Harbor”.