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Gracias Scaloneta: quedan las alegrías, los recuerdos y, por un rato, los lamentos

La Selección cerró cinco años de dominio total en un partido muy mal jugado, en donde solo se sostuvo por las atajadas del Dibu Martínez. España, justo campeón.

Enviado especial a Nueva York

Fue bueno mientras duró. Y duró bastante, cinco años y nueve días de hegemonía total desde el Maracanazo de 2021. Si tenía que terminar de alguna manera, qué mejor que en la final de un Mundial. Gracias Scaloneta por tanto. Por las alegrías, por los recuerdos, por las lágrimas. Ahora quedan los lamentos de otra tarde de sufrimiento, esta vez sin premio alguno, ni siquiera el de los penales. España campeona del mundo luego de derrotar 1 a 0 a la Argentina en tiempo extra con gol de Ferrán Torres.

Todo lo que pudo salir mal, salió en Nueva Jersey. Hasta la dupla de centrales se fue lesionada. Y mucho de lo que había que hacer bien, se hizo de la otra manera. Los pases al compañero, por ejemplo -ay los pases-. Ni un tiro al arco en 120 minutos y dos intentados que ni siquiera hicieron trabajar a Unai Simón. El equipo que era una máquina de golear y golear, que no había bajado de dos goles por partido en Mundiales desde que derrotó a México en 2022, arrancó y terminó encerrado en su propia mitad de cancha. ¿Acaso sería un manifiesto contra el desvergonzado fútbol sin defensas de Francia e Inglaterra? Ojalá.

Nada de lo que sucedió pareció haber salido de una decisión argentina. España impuso condiciones desde el inicio, principalmente a partir de una presión en campo rival que asfixió seriamente al mediocampo argentino. Sin aire, colorado pero de lo ahogado, uno de los que más sufrió fue Alexis Mac Allister, perdiendo pelotas llamativas. Lo siguieron De Paul y Enzo, ya en materia de pases errados. En el segundo tiempo, Paredes se sumó a esa sintonía con un pase cruzado en campo propio directo a los de rojo. La falta de opciones de pase se volvió rutinaria en un punto, con argentinos encerrados contra la línea, obligados a lanzar un pelotazo para Julián Álvarez o Messi.

Mérito también de los españoles el haber encerrado al genio en su lámpara. Siempre con faltas, eso sí. Válido y al fin y al cabo, acertado. Tampoco estuvo en su tarde el capitán argentino. Le pusieron una música muy fea en su último baile, directamente insoportable después de la expulsión de Enzo Fernández sobre el final de los 90 minutos. Y no precisamente por los cantitos de los españoles -qué difícil perder contra tan poca inventiva-.

Fue tan larga la resistencia argentina ante un ataque constante que, en algún momento del segundo tiempo, más de uno se ilusionó con que todo fuera parte de un plan. Uno que tenía al Dibu Martínez como única razón de ser. Partidazo del marplatense, que se guardó todo para la final y metió un atajadón a los 90 ante un tiro libre de Lamine Yamal que le dio media hora extra de vida al equipo.

Y partidazo también de España, no se puede obviar. Casi dos décadas jugando a lo mismo, con una identidad clarísima y, luego de algunas decepciones fuertes, obtuvo su merecido premio. Esta vez no fue tan vistoso su juego, ni tuvo los goles de los que generalmente escasea. Pero sí llevó a su máxima expresión el arte de defenderse a través del control de la pelota y la presión en campo rival. Un gol en contra en todo el certamen. Al final, prevaleció la defensa en estos tiempos de goleadas históricas.

Por el lado argentino, quedará para la eternidad la incógnita de qué hubiese pasado con Lautaro Martínez en cancha. El Toro venía flechita para arriba, luego de marcar el gol del triunfo contra los ingleses (mucho más eterno que la incógnita mencionada), pero vio desde afuera cómo fueron sacándose la pechera Otamendi, Paredes, Montiel, Simeone, Medina y, en el tiempo extra, nada menos que Senesi en la gestión “austera” que hizo del banco el DT.

La piel argentina está tan curtida que los próximos cuatro años hasta el Mundial 2030 se van a pasar rápido. Si se demora un poco, seguramente la realidad nacional nos distraerá hasta que arranque un nuevo sueño de esto que muchos denominan lo más importante de lo menos importante. Ahora, por unos días, o un par de años mejor dicho, toca seguir sufriendo.