El Gobierno pasea a Adorni mientras evita contar cómo financió su vida de lujo

Manuel Adorni pasó la semana corriendo de un lado a otro. Conferencia de prensa, reuniones, inauguraciones, entrevistas, fotos en Casa Rosada y otra vez cámaras. El Gobierno lo exhibe como un funcionario “deslomado”, hiperactivo, siempre ocupado. Una especie de empleado del mes libertario que no para ni para dormir.

La puesta en escena tiene algo de distracción desesperada. Porque mientras más aparece Adorni, más se evita hablar de lo único que importa: cómo hizo para sostener un patrimonio y un nivel de vida que hoy investiga la Justicia.

“Voy a hablar mucho”, prometió en una entrevista con Alejandro Fantino. El problema es que, hasta ahora, habla mucho pero no dice nada.

El funcionario que no puede explicar

La defensa de Adorni se volvió circular. Dice que no puede responder preguntas porque podría “obstruir a la Justicia”. Lo repitió en conferencia de prensa, en Neura y en cada aparición pública de los últimos días.

Mientras tanto, su declaración jurada sigue guardada bajo siete llaves.

Según explicó, recién la presentará antes del 31 de julio, el límite legal. En el medio, abogados y contadores trabajan para justificar gastos y operaciones que incluyen un departamento en Caballito, una casa en el country Indio Cuá, pileta climatizada, cascada y viajes al exterior.

La cuenta, según la investigación, supera los 800 mil dólares. Todo eso con un sueldo estatal de 7,1 millones de pesos.

Milei lo pasea y lo abraza

En Casa Rosada ya entendieron que el problema dejó de ser solamente judicial. Es político.

Por eso Milei decidió blindarlo. “No lo voy a ejecutar”, repite delante de ministros y funcionarios que empiezan a ver el caso como un lastre para el Gobierno.

La estrategia entonces es mostrar a Adorni en movimiento permanente. Que aparezca trabajando, gestionando, caminando pasillos, entrando y saliendo de reuniones. Como si la hiperactividad pudiera reemplazar las explicaciones.

Pero el efecto empieza a ser otro. Cada nueva aparición pública deja más visible el vacío.

Los chats que rompieron el libreto libertario

La situación se volvió todavía más incómoda con la denuncia de Marcela Pagano, que acusó a Adorni de intentar influir sobre testigos de la causa.

Según el expediente, el funcionario contactó al contratista Matías Tabar antes de que declarara sobre las refacciones en la casa del country. “Podés contar conmigo para lo que necesites”, le escribió. También le avisó que un abogado de “su equipo” lo iba a llamar. Para la diputada, fue un intento de presión.

Algo parecido relató Vanesa Tossi, vinculada a los pasajes del jet privado que llevó a Adorni a Punta del Este. Según declaró, recibió llamados y mensajes insistentes mientras estaba frente a la Justicia. Todo quedó asentado en actas.

El camino de la victimización

En su aparición con Fantino, Adorni eligió el papel de perseguido. Dijo que las denuncias buscan “lastimar” a Milei y aseguró que él apenas es “un pedazo” del Presidente.

También habló de traiciones, periodistas, operaciones y amenazas judiciales contra quienes lo señalaron.

Por momentos parecía más preocupado por construir una épica personal que por explicar el origen de los fondos que hoy investiga la Justicia.

Y ahí aparece el corazón del problema para el Gobierno; la gestión que llegó prometiendo terminar con los privilegios y la “casta” ahora necesita “montar” una gira permanente para defender a un funcionario que no logra explicar cómo pagó su vida de lujo.