En el único debate entre los dos candidatos, Sánchez se mostró más sólido y golpeó varias veces a su rival con cuestionamientos. Fujimori encabeza las últimas encuestas por un margen estrecho.
Desde Lima
El Perú entra a la última semana de campaña para el balotaje del 7 de junio bajo la sombra de la amenaza del retorno del autoritarismo fujimorista que gobernó en la década del noventa. Keiko Fujimori, hija y heredera política del fallecido dictador Alberto Fujimori, encabeza las últimas encuestas que se pueden publicar antes de la elección, pero su ventaja sobre el progresista Roberto Sánchez es estrecha. En ese panorama, la noche del domingo se realizó el único debate entre los dos candidatos, que con una mínima diferencia entre ambos despertó gran expectativa y podría ser decisivo.
Dos candidatos, dos estilos
El debate presidencial, que duró cerca de dos horas, fue transmitido por todos los canales de televisión. Rígida, Keiko leyó sus presentaciones en cada tema. Sánchez, que no leyó, conectó mejor, estuvo más suelto, golpeó varias veces con cuestionamientos que su rival no respondió, dominó la escena. El candidato de la izquierda ganó con amplitud el crucial debate.
Con su bastión electoral en las zonas andinas, Sánchez comenzó saludando en quechua. “Necesitamos democracia, oportunidades para todos, hay que acabar con la dictadura congresal del gobierno que dirige Keiko Fujimori. Por eso estoy acá, para recuperar la democracia, la justicia”, arrancó, directo, aludiendo al poder decisivo del fujimorismo en la mayoría parlamentaria de derecha que controla el gobierno y el giro autoritario desde diciembre de 2022 cuando Pedro Castillo fue destituido y encarcelado, y reemplazado por Dina Boluarte.
Keiko, que comenzó agradeciendo a Dios, eludió responder. Aceptando, pero sin decirlo, el rechazo que genera, inició su presentación diciendo que no pedía el voto por ella, sino por el orden, y acusó a su rival de representar el caos. “Esta elección no se trata de mí. Orden o caos, estas son las dos opciones que tiene nuestro país”, dijo la candidata.
“De qué orden habla –le respondió Sánchez-, si todo el Perú sabe el caos que han hecho desde que tienen mayoría parlamentaria, se han zurrado en la democracia, han corroído la justicia”. Devolvió a Keiko la acusación que le había hecho de representar el caos llamándola “la señora del caos” en alusión a la desestabilización política generada por la bancada parlamentaria fujimorista en su objetivo de acumular poder.
Mano dura versus derechos humanos
En el tema de seguridad, la mayor preocupación de los peruanos por el incremento de la delincuencia, Fujimori insistió en ofrecer orden con mano dura y más poder para militares y policías. Sánchez habló de reformar la policía para enfrentar la corrupción policial y se comprometió en la defensa de los derechos humanos. Le recriminó a su contrincante que en el Congreso el fujimorismo ha aprobado una serie de leyes que favorecen al crimen organizado. Keiko no respondió.
Sánchez le recordó a Fujimori los crímenes de la dictadura de su padre y su reciente apoyo a Boluarte y la impunidad que el fujimorismo le ha dado en el Congreso por el medio centenar de muertes durante la represión a las protestas sociales. Keiko volvió a eludir una respuesta. Solo dijo que esos eran “asuntos del pasado”. Cuando le tocó hablar sobre derechos humanos leyó un listado de obras de infraestructura.
La candidata de la derecha puso el énfasis en apoyar la inversión privada para tener crecimiento económico y repitió la acusación contra el candidato progresista de estar en contra de esa inversión y ser estatista. Sánchez aclaró que su programa no propone estatizaciones ni expropiaciones, “ese relato del miedo que usted ha levantado es falso, no soy comunista”, señaló. Aseguró que mantendría la estabilidad macroeconómica, pero cuestionó el actual modelo económico, que calificó como “el régimen neoliberal más salvaje de América latina”, anunció como prioridad la lucha contra la pobreza y demandó “una profunda democratización de la distribución de la riqueza”.
Keiko repitió críticas al gobierno de Castillo, que Sánchez respalda y del que fue ministro, y atacó a su rival por el apoyo que éste ha recibido de Antauro Humala, hermano del expresidente Ollanta Humala, quien estuvo 17 años preso por la muerte de cuatro policías cuando en 2005 asaltó una comisaría para exigir, sin éxito, la renuncia del entonces presidente Alejandro Toledo. Keiko llamó a Antauro “asesino de policías” y pretendió colgarle ese cargo a Sánchez. El candidato progresista defendió el régimen de Castillo y su gestión como ministro. Ha dicho que Antauro Humala no tendría ningún rol en un eventual gobierno suyo.
El momento de mayor tensión fue cuando Sánchez, mirando a su contrincante, dijo que él sí era buen hijo, buen hermano, recordando, sin decirlo directamente, que Keiko le dio la espalda a su madre cuando denunció maltratos de Alberto Fujimori, que se opuso al indulto a su padre en 2017 por temor a perder el control del fujimorismo y atacó a su hermano por negociar ese indulto. Keiko acusó el golpe. “Qué pena, qué poco hombre es usted”, respondió desencajada.
Fujimori terminó el debate como lo había iniciado, pidiendo que no piensen en ella a la hora de votar, sino en tener orden. Sánchez lo hizo solicitando un voto por la democracia. “Nos estamos jugando el futuro del Perú y la democracia”, cerró.
Escenario abierto
De acuerdo a una encuesta de Ipsos publicada horas antes del debate, Keiko tiene 40,4 por ciento de respaldo y Sánchez 38,3 por ciento. Un 21,3 por ciento no apoya a ninguno de los dos candidatos. Para la encuestadora Datum, en un estudio también publicado el domingo, Fujimori tiene 39,7 por ciento y Sánchez 35,4 por ciento, con 24,9 por ciento que no se define por un candidato. El alto porcentaje que no ha decidido su voto y la estrecha diferencia entre los dos candidatos dejan un escenario incierto sobre el resultado del balotaje.
Con el riesgo de una nueva captura total del poder por el fujimorismo si regresa a la presidencia, la noche del sábado miles tomaron las calles del centro de Lima, bastión de la derecha, y de otras ciudades del país, para expresar su rechazo a Keiko Fujimori, y al autoritarismo y la corrupción que representan su candidatura. La marcha por el centro de la capital fue encabezada por los familiares de los asesinados y desaparecidos por la dictadura de Fujimori, que levantaban carteles con fotos de las víctimas. También se movilizaron los familiares de los asesinados por la represión del gobierno de Boluarte, respaldado por el fujimorismo.
“Por justicia y dignidad, Fujimori nunca más”, gritaba la multitud movilizada. Consignas, música, bailes, pancartas y banderas agitadas, tomaron las calles del centro histórico de la capital. Banderas de Juntos por el Perú, el partido de Roberto Sánchez, se confundían con las de otros partidos y organizaciones. En una gran banderola se leía “Bienvenidos a la fiesta de la cuarta derrota de la Señora K”, en alusión a la cuarta postulación consecutiva a la presidencia de la jefa del fujimorismo. “Dictaduras nunca más”, “Keiko corrupta no va”, “Un voto por Keiko es un voto por la mafia”, eran algunas de las consignas que tomaron las calles. En respuesta a una campaña por el voto nulo de algunos sectores que rechazan al fujimorismo, pero no quieren apoyar a Sánchez, se coreaba: “Ni blanco ni viciado, Keiko jamás”.